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Curruca carrasqueña hembra (Sylvia cantillans)
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Entre las currucas que pululan por nuestras extensas zonas de monte mediterráneo, la carrasqueña es la de más bello colorido y también una de las más abundantes. Se trata de un inquieto habitante de jarales, brezales, retamares, coscojares y encinares, que se mueve con discreción entre las espesuras de estos tupidos matorrales, por lo que resulta más fácil de detectar por su carraspeante canto o por su seco y breve reclamo. Migrante transahariana, esta ave está presente como reproductora tanto en la Península como en Baleares. La hembra se diferencia del macho por su tonalidad más apagada y parda, donde la parte inferior se hace más amarillenta, la superior más parda, la bigotera se observa bastante menos marcada, y el anillo ocular más descolorido en tono naranja claro. La curruca carrasqueña occidental (Sylvia cantillans cantillans), se localiza en el noroeste peninsular de Italia, en Sicilia, sur de Francia y península ibérica. En ocasiones también se llegan a localizar ejemplares en el noroeste de África. Es insectívora, aunque dado el caso también come semillas y bayas. Se desenvuelve entre matorrales y maleza arbustiva de pequeño porte, donde se oculta realizando vuelos cortos de una a otra mata.
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